El experto que hay detrás de Johya

Vincent Renault, gemólogo

Apasionado por la gemología desde siempre y titulado en gemología, Vincent Renault es cofundador de Johya junto con su socio Dimitri Velasco.

Su función es muy concreta: viajar a Colombia, a la región de Boyacá, seleccionar las piedras personalmente, negociar directamente con los vendedores y, a continuación, hacer un seguimiento de cada esmeralda hasta su certificación por parte de un laboratorio independiente.

Un título y, sobre todo, un método

El título de gemología no es un mero alarde. Es lo que proporciona el vocabulario, los instrumentos y los conocimientos necesarios para describir una piedra sin embellecerla —y, cuando es necesario, para rechazarla—. Una esmeralda se examina con una lupa de 10×, bajo la lámpara y en la balanza; no se describe con palabras.

Cada piedra del catálogo ha pasado por las manos de Vincent antes de llegar aquí: examen con lupa y lámpara UV, pesaje en las distintas fases, fotografías sin retocar. Nada se genera ni se «mejora» por ordenador: lo que se muestra en la ficha es lo que recibirá el cliente.

Lo que ve en una esmeralda

Lo primero es el color. La esmeralda es un berilo que debe su color verde al cromo y al vanadio. Este es el criterio que más influye en su valor: su intensidad, su saturación y cómo se mantiene bajo diferentes tipos de luz.

A continuación, el «jardín». Las inclusiones de una esmeralda no son defectos que haya que ocultar: son sus huellas dactilares. Una esmeralda perfectamente pura debe inspirar desconfianza más que seducir. Lo importante no es su ausencia, sino su naturaleza y su ubicación.

Por último, el tamaño y el peso. Un buen tamaño realza el color y la dureza de la piedra: la esmeralda es dura, pero frágil. El peso nunca se debe considerar por sí solo: dos quilates idénticos pueden valer diez veces menos uno que el otro.

Sobre el terreno, en Colombia

Las compras se realizan in situ, en la zona esmeraldífera de Boyacá. El verdadero trabajo no tiene tanto que ver con el folclore de los mercados como con la paciencia: ver muchas piedras, descartar la gran mayoría, volver y comprar solo aquello que resulte aceptable una vez de vuelta a casa.

Esta presencia sobre el terreno permite documentar el recorrido de una piedra —fotos en el momento de la compra, durante el tallado y una vez tallada— y publicarlo. Eso es lo que Johya denomina su «trazabilidad»: no es una promesa, sino un expediente que se puede consultar piedra por piedra.

Lo que nunca dirá

Que una piedra proceda de una mina concreta, sin pruebas. Comprar una esmeralda en Muzo no demuestra que se haya extraído de allí: el lugar de compra no es el yacimiento. Solo un laboratorio independiente puede certificar el origen, y este certifica un país —rara vez una mina—. Cuando Johya escribe «Colombia», es lo que indica el certificado.

Que una esmeralda no haya sido sometida a ningún tratamiento, por comodidad. Casi todas las esmeraldas del mercado están aceitadas: se trata de una práctica antigua en el ámbito de la lapidación, aceptada y exenta de la mención «tratada». Johya va más allá e indica el grado observado: ninguno, leve o moderado. Una piedra que contenga resina, en cambio, se considera un tratamiento que debe declararse: se señala como tal.

Esta línea de actuación no es una estrategia comercial: es la única forma de mantener la precisión. Lo que no se puede verificar, no se afirma.

El cuaderno de campo

Los desplazamientos para la compra se documentan a lo largo de los viajes: rutas, mercados de esmeraldas, talleres de tallado, encuentros con los vendedores.